viernes, octubre 15, 2004

¿Demócratas o subversivos?

¿Demócratas o subversivos?

Federico Reyes Heroles

"El derecho del sufragio suprime el derecho de insurrección"

Víctor Hugo


"No vamos a hablar hoy, es viernes, de una vez les adelanto mi pronóstico, estoy viendo que van a ganar los Cardenales de San Luis la Serie Mundial, eso es básicamente lo que puedo decirles. Amor y paz y buen fin de semana, que la pasen bien", ésa fue la burlona respuesta de un sonriente López Obrador. La segunda interrupción violenta de los perredistas en la máxima tribuna política no le mereció más comentario. Su evasión no tiene nada de gracioso. ¿Qué acaso no se enteró de lo que harían sus huestes locales el martes? Los engaños de la diputada Padierna le deben de haber parecido dignos de elogio. La fotografía de los asambleístas dormidos sobre la tribuna le debe haber causado hilaridad. López Obrador debe, en su fuero íntimo, haber festejado que la diputada se sentara en la silla del presidente de la Cámara Baja. Ja, ja, ja. Era un triunfo. Sólo así se explica uno su reacción. Eludir un juicio sobre lo ocurrido es algo más que evasión, es quizá cobardía.

Vayamos de nuevo a los hechos. De qué sonreía el jefe de Gobierno de la capital del país, uno de los "líderes morales" de una de las tres fuerzas nacionales. Por qué andaba tan de buen humor esa mañana. Si los hechos le hubieran disgustado, lo conocemos bien, no se hubiera tocado el corazón para hacer alguna crítica hiriente. Pero no fue así, de hecho pareciera que los vio como una victoria. ¿De verdad no sabía nada o fingió demencia? No es que una masa se haya salido de curso, de control. Para nada. Hubo que coordinar la marcha, preparar la manta, mentir -toda una estrategia- eso en la primera ocasión. En la segunda el diputado Gómez les abre la puerta, los conduce hasta la tribuna y ya allí vienen los atropellos y por supuesto la foto culminante, el supremo acto de usurpación, la diputada Padierna sentada en la silla que la República le tiene asignada a quien preside la Cámara. La afrenta estaba culminada, ellos pisotean las instituciones y qué. Cuando algo no les convence o les conviene simplemente se brincan la raya institucional, le moleste a quien le moleste. O quizá, López Obrador, perdón por la suspicacia, sí sabía de la afrenta programada, conocía la estrategia desde el principio y simplemente estuvo de acuerdo. "Ésos son mis muchachos, los que son más leales a mí que a las leyes".

Porque el problema es que López Obrador quiere ser Presidente de un país de más de 105 millones de habitantes. Y entonces uno se pregunta si de verdad entiende lo que es un Estado de derecho o sigue pensando que cualquier estratagema que conduzca al poder está justificada. Como ellos tienen la "razón histórica", como ellos son los únicos justicieros autonombrados, tienen todo el derecho a destruir las instituciones. ¡Viva el Che Guevara! A destruir instituciones hasta que nosotros quedemos en ellas. La reforma al artículo 122 es quizá inoportuna y por supuesto debatible, todo lo es. De eso se trata en una democracia. Pero lo único no debatible en una democracia es acabar por la fuerza con el diálogo. Como no estoy de acuerdo con lo que tú dices te tapo la boca. Imaginemos a AMLO candidato perredista a la Presidencia rodeado de los mismos que lo acompañaron en esta aventura subversiva. Supongamos que la votación no lo favorece en julio del 2006. ¿Qué harán? ¿Tomar por asalto las instalaciones del Consejo General del IFE? O si una decisión del Tribunal Electoral les disgusta, acaso estrangularían la sala de plenos.

Vayamos más allá, supongamos que AMLO es Presidente. Pero resulta que la Cámara no le aprueba su propuesta de Ley de Ingresos y por ende el presupuesto. ¿Qué va a hacer? ¿Recurrirá de nuevo a los Bejaranos, con amplia experiencia en la materia, para tomar San Lázaro? ¿Convocará a un mitin en el Zócalo? ¿Amenazará de nuevo con tirar miles de toneladas de basura frente al recinto legislativo? ¿Buscará acaso el diálogo? "No, no, no, no; ellos están empatados con el PRI, es el PRIAN, es para manejar siempre el doble juego, la hipocresía de siempre", ésa fue la respuesta del gobernante el pasado sábado a la posibilidad de dialogar con el PAN sobre la reforma al 122. Ser duro demanda consistencia y AMLO la tiene. El ánimo de víctima es inocultable.

Que al interior del PRD exista un grupo de saboteadores profesionales no es novedad. Basta simplemente con recordar sus terribles incursiones en la vida de la UNAM para saber de lo que son capaces. Lo que sí resulta muy triste y preocupante es el papel de comparsas de muchos de sus colegas partidarios. Éste es momento de definiciones. Relativizar los hechos de San Lázaro es resbalar en la amoralidad. La toma violenta de la tribuna de la Cámara y la interrupción del debate no deben encontrar ninguna justificación. Abrirle las puertas a la violencia física como forma de imponer ideas o de impedir que las de otros avancen es un acto de barbarie sin más. Es que es parte del complot, es que buscan perjudicar a AMLO, la desesperación explica los hechos, todas las versiones que hemos escuchado no hacen sino exhibir la pobreza de convicciones verdaderamente democráticas.

¿Dónde está Cuauhtémoc?, porque incluso en los peores momentos del 88 la convicción pacifista y legal no flaqueó como ahora. ¿Cómo puede López Obrador hablar de resistencia civil, que es un instrumento extremo de quien al fin y al cabo no está dispuesto a acceder a la violencia, si al mismo tiempo está organizando a sus huestes para herir a la democracia mexicana? ¿Quién es López Obrador, un luchador social, un demócrata convencido, un activista, un rebelde, un provocador o un subversivo, es decir aquel que intenta reventar lo existente? No puede jugar con todas las cartas a la vez dependiendo de la situación. ¿O será acaso un gran simulador? ¿Y si en el asunto del desafuero le va mal y tiene que enfrentar los procesos pendientes y los pierde, que ocurrirá entonces? ¿Aceptará lo que el Judicial, digamos la Suprema Corte, decida o los declarará ilegítimos y rodeará las instalaciones?.

Basta de hipocresías y dobleces. Lo ocurrido en San Lázaro es un agravio a todos los mexicanos. Ha costado muchas vidas, mucho tiempo, muchos oprobios construir una incipiente democracia. Nadie tiene derecho a herirla así. Por el bien de todos debe haber consecuencias jurídicas. Tolerar a los intolerantes es alentar una señal perversa en contra de la democracia. Pareciera que algunos perredistas sólo quieren una parte del pacto democrático, la que les da derechos. La otra, la que supone aceptar de una vez por todas el imperio de la ley, ésa no la han hecho suya. Hay un problema: los que subvierten una dictadura o un régimen autoritario pueden ser catalogados de héroes. Los que boicotean las fórmulas democráticas simplemente son subversivos.